EL CRISTO DE NEON
¿Hay gente que nace con cierta aura no? Nadie en su sano juicio puede decir que gente como Maradona, Jimmy Page o Marta Minujin(???) no tenían su destino escrito desde ya temprana edad. Quizás el joven (y promisorio punk) Eric Boucher no pensaba en destinos ni auras mientras se dirigían en el auto del batero de su banda (un moreno llamado DH Peligro) a ver la banda de post punk Pere Ubu en su San Francisco natal. Pero en el medio de esas charlas y mientras Eric hablaba sin parar (cualidad que mantiene hasta el día de hoy) sobre política e historia motivo que el mencionado DH le espetara (un poco en broma, un poco en serio) :” Jello(tal es el seudónimo que usaba el bueno de Eric cuando lideraba su banda Dead Kennedys) , sos tan bocón que deberías postularte a alcalde”.
Y cuando la mayoría de las personas respondería a tal chanza con un “Anda a cagar”, la mente del joven Jello empezó a pensar y elucubrar como de todos los delirios que poblaban su cabeza el ser gobernador podría cristalizarse. Incluso esa noche cuando arribaron al lugar del show Jello se encargó de decirle a todo el mundo de su (reciente) candidatura y es más incluso escribió la plataforma de elección en una servilleta justo enfrente de Pere Ubu tocando.
Antes de continuar con los delirios electorales de Jello, Pongamos en contexto a los neófitos, Dead Kennedys es una banda de la bahía de San Francisco que comenzó a funcionar en el año 78 y que ya desde el principio de su carrera trataron de escandalizar la escena con la presencia de letras inteligentes y mordaces (cortesía de Jello Biafra, su cantante) que atacaban a todo el establishment gringo. East Bay Ray (el guitarrista de los Kennedys) dijo alguna vez que ellos trataban de restaurar lo que los hippies solían creer, tolerancia y experimentación, el hazlo tú mismo y el cuestionamiento a la autoridad mientras que Biafra dijo que se trataba de insurrección, acción directa y viejos chistes.
Según Biafra el nombre de la banda responde a que su novia tenía un osito de peluche al cual llamaba Ted Kennedy (el senador hermano menor del presidente JFK que a por esa épocas estaba pugnando por una candidatura a presidente frente a Jimmy Carter) y una noche mientras estaban boludeando en el sillón, el oso se cae, golpeándose provocando que su novia exclamara Dead Kennedys! , un tipo tan rápido y perspicaz como Biafra pensó inmediatamente:” ¡Que buen nombre para una banda”.
Después de haber sido bautizados de manera tan fortuita (y tan acertada también), los oriundos de San Francisco trataron de reafirmar su compromiso con tal denominación. Por ende, el 22 de septiembre de 1978 llevaron a cabo un show en ¿conmemoración? Al 15 aniversario del asesinato de JFK, un hecho que marco a Biafra cuando tenía 5 añitos. Biafra lleva el desafío de DH Peligro a la realidad postulándose a gobernador de San Francisco en 1979, al juntar pidiendo firmas y llegando a costear (de manera milagrosa) los 900 dólares que costaba la inscripción. Al ser consultado sobre la veracidad de tal candidatura el creador de temas como” Nazis Punks fuck off “respondió:” Para aquellos que han visto mi candidatura como un truco publicitario o una broma, deben tener en cuenta que no es ni más ni menos broma que cualquier otra persona que se les ocurra nombrar.” Ese tinte sarcástico no se limitaba a las palabras sino también a las acciones llevadas a cabo en el marco de la elección. Por empezar, cuando asistía a reuniones o mítines Jello solía llevar una camiseta de la campaña anterior de uno de sus contrincantes Quentin Kopp, incluso una vez barrio toda la vereda de otro candidato, la senadora Dianne Feinstein, burlándose de la promesa de esta con barrer (pero con la delincuencia) todas las calles de San Francisco en un par de horas.
La plataforma gubernamental del cantante de Dead Kennedys contaba de un sinfín de propuestas (de las más disparatadas a algunas realmente interesantes) como, por ejemplo: todos los hombres de negocios debían ir disfrazados de Payasos (eso si dentro de los límites de la ciudad), la prohibición de autos en la ciudad y la contratación de obreros que habían quedado desempleados y habían quedado desamparados al cortarse todos los servicios sociales.
Una de las propuestas más discutidas era la de erigir una estatua de Dan Smith (un tipo que había asesinado al anterior gobernador 5 años antes) para que así la gente pudiera tirarles huevos. Esas eran un par de las propuestas que podríamos tildar de extremas, pero también había propuestas más “convencionales”: programas de trabajo, establecer tarifas estándar para los servicios públicos, que cada zona de la ciudad pudiera elegir su policía e imponer prohibiciones para la construcción de nuevos rascacielos (algo poco más que una utopía para la época de los grandes edificios en USA).
Teniendo en cuenta lo ilusorio de su campaña, se puede decir que el 4% de votos que finalmente consiguió (lo que constituyen 6591 sufragios) fueron un gran logro, haciendo lograr posicionarlo en la cuarta posición en un total de 10 postulantes. Biafra explico en relación a su pequeño triunfo: “Cualquiera puede robar un banco, cualquiera puede pintar un cuadro. Y en América cualquiera puede hacer una impresión en el aburrido electorado casi sin esforzarse”.
Pero un tipo inquieto como Jello no se podía quedar quieto y en los 80’s fue por el plato fuerte, se postuló como candidato del partido Verde a la presidencia de USA y cuando fue consultado a su nueva postulación Jello respondió: “Estor sorprendido y honrado de ser seleccionado como candidato. Soy artista y activista desde 1978. Me presenta a la alcaldía de San Francisco en 1979, acabando cuarto de entre 10 candidatos. Además de la música, he lanzado cuatro discos Spoken Word que resumen y promueven muchas ideas queridas por los verdes: Derechos humanos, libertad de expresión, la guerra del golfo, el complejo industrial de prisiones, etc.”
He estado registrado en el partido Verde durante muchos años y apoyo la plataforma y los valores de tal partido. Pero, ¿Cómo implementamos y vendemos (si, vendemos) nuestros programas al público en general?
¿Si vos no lo sabes querido Jello, que nos queda a nosotros?
Por Federico Birkenfield
